El hecho sucedió en una época donde los atentados terroristas y las acciones guerrilleras se sucedían, aún cuando el país vivía bajo un estado de gobierno constitucional, bajo la presidencia de la Sra. María Estela Martínez de Perón. La realidad fue que un avión C-130E Hércules de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula TC-62 había sido derribado a las 13:05 horas, por una bomba colocada debajo del desagüe que pasaba por debajo de la pista de aterrizaje del aeropuerto de Tucumán. La explosión dejó un cráter en su cinta asfáltica de doce metros de diámetro por dos de profundidad.
La bomba había sido hecha estallar por control remoto, a distancia, en plena carrera de despegue, cuando el avión había alcanzado los 10 metros de altura aproximadamente. Se trasladaban en la aeronave 116 efectivos de la Gendarmería Nacional, con destino a la Provincia de San Juan, de los cuales, a raíz del atentado, fallecieron seis y veintitrés quedaron heridos, nueve de ellos de gravedad. Los cinco tripulantes resultaron ilesos. Esta operación se llevó a cabo con una gran precisión, aunque por la pericia de la tripulación se evitó que este atentado criminal alcanzara proyecciones de catástrofe, salvando las vidas de más de un centenar de efectivos que se encontraban a bordo, como así también el desastre que podía haber ocasionado de haberse precipitado sobre un Barrio Obrero situado a continuación en la proyección imaginaria de la cabecera de pista de dicha terminal aérea.
El aparato se deslizó hacia la derecha de la pista y quedó envuelto en llamas en un terreno de difícil acceso para los vehículos de salvamento, explotando con impresionante violencia sus tanques de combustible, lo que causó pánico entre los habitantes de la zona próxima al Barrio San Cayetano.
Los restos del avión quedaron esparcidos en un radio de aproximadamente 50 metros, mientras que el grueso de la estructura se incendiaba al costado de la pista. Los primeros auxilios lo prestaron los obreros de una fábrica de plásticos que de inmediato auxiliaron a los Gendarmes encerrados en el avión. El portalón trasero no se llegó a abrir y las dos puertas laterales de lanzamientos de paracaidistas quedaron bloqueadas, una por el desplazamiento de la carga y la otra deformada, solo quedaba la delantera.




